20 abr 2022

Sección: Al ritmo del sentido

Al ritmo del sentido

    Es una sección, que toma palabras prestadas a partir de las canciones que brindaron sentido a momentos emociones, situaciones, pensamientos y las distintas formas de estar en el mundo, intentando captar aquello que se nos escapa intentando decir, la palabra confiscada, que por eso el otro ha hecho canción...

Acompañanos a compartir el sentir que provoca la música




Al ritmo del sentido: Sujetados a un anhelo

 Sujetados a un anhelo...


Canción: Te guardo, Silvana Estrada


“Y a mí no me importa pensar
Lo imposible de tenerte”


Como si con eso fuera suficiente, solo imaginar la posibilidad de todo lo que pudo ser y no. Sin afán de sujetar, de condicionar o de tener. Aunque no estés, ni yo. Quedarse con el sentir inacabado, anhelante en el fondo de completar su deseo, que aunque frustrado, continúa, a veces eso mueve más, la imposibilidad, más que la seguridad de las cosas.

Por eso continúa, se repite el pensamiento, el sentir de la añoranza, de imaginar lo que hubiese sido, como será cuando suceda, pero jamás llega, solo permanece como una espera constante, que, sin embargo, nos hace continuar.


Una sonrisa, una mirada y mil suspiros...

Y es la nostalgia de nosotros, de lo que no fuimos, de lo que no sé dió, que nos faltó.

La permanencia del silencio, del beso al aire, del abrazo fugaz, y una sonrisa tímida resignada.

De las tardes que no compartimos, de los viajes solitarios, la película que perdimos;

El boleto que olvidamos, mi regalo omitido, la confesión extraña, y mis planes fallidos.

¿Qué te digo?

En añoranza te tengo, y quizá ahí es de donde te recuerdo, 

Pues de entre todo aquello que no tuvimos, del ideal perdido, te anhelo.

¿Y cómo me atrevo?

Si bajo el pecho inquieto, rubor, el detalle, un saludo nervioso, la sonrisa que regalo y de todo lo que hablo y no digo, que de mi mundo comparto o del silencio que brindo, no lo sé, quizá lo calle y olvide, o si tal te anuncie, que aquí, yo te espero.


Cuando escuché esta canción se activaron mis resistencias, me costó trabajo el poder poner atención en ella, de lleno sentir un tipo de rechazo que no sabía de dónde venía. Posteriormente la seguí intentando, la escuché de nuevo y pareciera que había algo mío pero seguía sin saber que era. Pero no desistí, cuando sentí que podía escucharla de nuevo entonces paso, resonaron palabras de la canción que conectaban conmigo, que daban sentido a sentir oculto. Justo daban en lo que conservo y guardo, de una persona, la cual, será imposible un rencuentro, siendo que hace resonancia en la pérdida de mi persona en el mundo, La que me quitaba mis tres caras y de la cual conservó su abrazo, del que pensé ya había superado su pérdida y con esta canción solo reafirma que lo extraño. Así es que llego a algunas canciones que recomiendo una es Carta a Francia, A tu vuelta y Volver a perdernos… 


¿cómo seguir preservando tu presencia cuando estás ausente? 



Desde mi obsesión

De aquí no se va nadie

porque fuiste importante

te sigo manteniendo en este

espacio guardado…




28 mar 2022

Al alma: Violencia, un discurso normalizado

La violencia, como un discurso normalizado



Existen demasiadas inquietudes en referencia al tema de la violencia, dudas y cuestionamientos que surgen a partir de lo vivido, de lo visto, de la percepción que otras personas tienen sobre ella; las distintas discursivas que giran en su entorno en busca de su entendimiento, detección, prevención, atención, pretendiendo su erradicación.

Algunas de estas discursivas se tornan violentas en sí misma, por parte de quien las desarrolla, las dogmatiza y las vuelve inflexibles, se institucionaliza el discurso hasta pretender que es ley;  pretendiendo que no haya posibilidad de cambio en ello. Sin embargo, el cuestionar, analizar y construir discursos flexibles sobre el tema de la violencia, también posibilita la inclusión de más personas para generar cambios. Es por ello, que el presente texto plasma la perspectiva y reflexión en cuestión a la violencia y crear diálogo entre los lectores. Cabría entonces comenzar con la interrogarnos la concepción que se tiene sobre la violencia:


La Organización Mundial de la Salud define la violencia como:


"El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones".


A pesar de que “en muchos casos, la violencia implica agresión, aunque en otros se ejerce sin ella. La violencia produce subjetividades, se legitima mediante discursos que la describen como natural, sagrada o justa, y se rutiniza como necesaria para el logro de objetivos”. (Zavaleta, 2018). De ésta forma se observa que no sólo la agresión externa, física, visible, es violencia, sino también conductas, ideas y discursos se pueden perpetuar y generar condiciones desiguales, de sometimiento. Es el planteamiento de Foucault, en la Hermenéutica del sujeto (1994) donde se expresa que las relaciones de poder son las que permiten en ejercicio de la violencia, solo cuando una de las partes tiene una posición de poder, sea cual sea, puede ejercer violencia hacia el otro, que se encuentra en una posición distinta, de desventaja, de no privilegio.

Se puede considerar que la violencia es un asunto sistémico, estructural de la construcción sociocultural en la que nos encontramos y que nos conforma, nos crea; de la cual aprendemos a ser y a hacer; parte entonces de un desajuste de poder entre los individuos que conforman la sociedad, destacando que son pocos los privilegiados, que sustentan altamente en ventaja de dicho ejercicio de poder, y en el mismo ejercicio de acciones y respuestas que regulan el mantenerlo. Sin embargo, estas mismas acciones han dejado al resto de la población en condiciones de vulnerabilidad, discriminación, desigualdad y desequidad; en condiciones de constante vigilancia y abuso, con la intención de someter, dominar, controlar y abusar, de las poblaciones, o grupo de personas que han sido vulneradas por su creencia, sexo, preferencias, identificación y orientaciones sexuales, raza, condiciones físicas, emocionales, mentales, sociales; las condiciones para ser y hacer en la sociedad están determinadas por una normativa rigurosa que impide el aceptar y dar paso a la diferencia entre los seres humanos, cualquier intento que implique el cuestionar o expresar lo distinto a la normativa, se vive como una amenaza que justamente pone en jaque el dominio ejercido sobre la población que se ha vulnerado. 




Cuando se habla de la violencia, resulta complicado el determinar quiénes son los que intervienen o cómo es que se genera, más cuando se justifica lo que cotidianamente se ha ido ejecutando y por el hecho de ser una acción, palabra u omisión que se ha tenido recurrentemente, se queda hereditariamente como “lo normal”, por tal motivo, se considera que es lo correcto o lo que está bien.


Por ello, resulta complicada su visualización, ya que la misma sociedad defiende su cultura de violencia y su institucionalización complica el abordaje de la misma. Pero no solo se presentan dichas complicaciones, se pone también sobre la mesa el cuestionar la posibilidad de erradicar la violencia;  ya que es una de las metas a nivel social, impactando en la conformación de sujetos en su ser y hacer, libres de violencia y en una cultura de paz. 


Entre las personas que intervienen en las situaciones y ejercicio de violencia se destacan tres participantes; el que está en una posición de poder (quien ejerce la violencia), la persona que recibe la violencia y por último, el espectador de la violencia. De éstos, se empieza por mencionar los que generan la violencia, puede ser cualquier persona, grupo o institución; sin distinción alguna, el único requisito es estar en una posición de poder; la violencia que se puede generar es de tipo física, psicológica, sexual, económica y patrimonial; y se puede hacer a cualquier persona y en cualquier lugar. Quien genera la violencia se encargará de buscar por todos los medios mantener esa postura de dominio, control y sometimiento; ya sea por medio de la vigilancia, acciones y ejercicios que  generen las condiciones que inmovilicen a los grupos vulnerados. 


Uno de los aliados que se presentan con los que generan la violencia, son todas las conductas, acciones y situaciones que han sido normalizadas, autorizadas por la mayoría de la sociedad y que se fueron interiorizando y no cuestionando, ya que el cuestionar implica posicionarse en un estado de malestar, incomodidad, confusión, irritación y para algunos posiblemente una trasgresión e intrusión que rompe con su zona de confort. Es por ello que se gestionan acciones para no cuestionar y en caso de hacerlo, acciones para someter y mantener ese estatus de poder.

  

El otro elemento que se encuentra, es la persona que recibe la violencia, como ya se mencionó, debido a lo cultural y normalizado, lo aprendido en su grupo formador que es la familia, adquiere y aprende conductas, pensamientos, formas de relacionarse y vincularse con los demás en la cuales, en su mayoría son violentas.


El último elemento que se encuentra en el ejercicio de la violencia se encuentran los espectadores, es decir, los que están observando cómo ocurren las situaciones de violencia y no realizan alguna acción para detenerla o para que se deje de ejercer; siendo de esta manera, cómplice de quien genera la violencia, contribuyendo con su indiferencia y no participación.


Los que participan en el ejercicio y preservación de la violencia puede ser cualquiera, sin embargo, históricamente son los hombres los que han generado violencia a mujeres, menores y a los mismos hombres; debido a que históricamente se establece el poderío que posee el lugar del hombre en un sistema hegemónico, patriarcal, heteronormado; los cuales, han establecido los estándares del deber ser y hacer sobre la constitución de las masculinidades y feminidades; y con ello, el sesgo de que todos los hombres son los causantes de las condiciones de violencia existentes desde lo individual, familiar, comunitario y a nivel social. Sin embargo, es el mismo sistema que también los vulnera, al localizarlos en una posición de poder o superioridad.


El lugar del hombre ha sido realmente ventajoso y satisfactorio, que el cuestionarlo y el revelarse, también implica condiciones de violencia. Se hace mención entonces de dicho sesgo. No obstante, se resalta la importancia de visibilizar la participación de cada uno de los miembros en la sociedad, así como, desmitificar algunos aspectos sobre la violencia que distorsionan y complican el poder realizar cambios que resulten, si bien no totalmente en una erradicación, por lo menos hacer una detección y atención; en otras la prevención y disminución de la misma. 


¿Se puede erradicar la violencia?


La respuesta es no, la violencia en sus diversos escenarios no se erradican, ya que viene adherible a la condición humana de supervivencia, sin embargo, la violencia o a las violencias se pueden gestionar, es decir, reorientar y se puede concientizar, reeducar y prevenir mediante la interiorización de lo que significa la violencia en los diversos contextos, ya que por lo menos utilizándolo al entorno mexicano, hoy la violencia está completamente normalizada e incluso sobrevalorada, llevándolo a un ejemplo, todos los días nos despertamos con columnas y noticias televisivas desbordantes en eventos violentos, y no solo eso de un tiempo para acá sumamente sanguinarios, mismos que ya a la mayoría nos dejó de impresionar, es algo tan cotidiano que ya no causa extrañeza y por lo tanto mucho menos provoca interrogantes, se volvió parte del día a día del mexicano; derivado de esto hemos adquirido un discurso de venganza como sinónimo de justicia ante las irregularidades e injusticias, comenzamos a replicar, justamente eso, discursos violentos para gestionar la violencia, es un claro ejemplo de que mientras se mantengan situaciones de injusticia, impunidad y corrupción desde el mismo eje, difícilmente la violencia va a tener una acepción distinta a lo que representa y se replica actualmente. 




Referencias:


Foucault, Michel (1994). Hermenéutica del sujeto. Madrid: La Piqueta.

Zavaleta Betancourt, José Alfredo. (2018). Elementos para la construcción del concepto de campo de la violencia. Sociológica (México)33(93), 151-179. Recuperado en 28 de marzo de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-01732018000100151&lng=es&tlng=es.


https://www.uv.mx/psicologia/files/2014/11/Violencia-y-Salud-Mental-OMS.pdf